jueves, 11 de diciembre de 2008

A Nuwaraeliya en tren






Luego de desayunar en casa del médico y su esposa en Kandy, nos fuimos a buscar un tuktuk que nos llevara a la estación del tren para agarrar el que salía a las 8:00am. Íbamos a Nuwaraeliya, uno de los pueblos más recomendados por Lonely Planet, la Biblia del mochilero occidental (aunque no tenemos el de Sri Lanka, basta parar a otro mochilero en cualquier parte y pedirle el suyo, nueve de cada diez lo van a cargar a la mano).


Esta vez tuvimos suerte en el tren. Conocimos a un mochilero griego (que sueña con ir a Venezuela a practicar windsurf) y, parados en el último vagón de pasajeros, notamos que había dos vagones más que estaban vacíos, pero sin asientos. Algunos trabajadores del tren entraban a buscar papeles y salían, hasta que a Cris se le ocurrió pedir permiso para cambiarnos a los vagones vacíos. No hubo problema, nos dejaron pasar y tuvimos un vagón con enormes puertas corredizas para los tres desde donde pudimos ver los mejores paisajes. Las plantaciones de té estaban de lado y lado, a medida que trepábamos las montañas, ya que Nuwaraeliya es uno de los pueblos más elevados de la isla, a 2.300 metros sobre el nivel del mar.

No hay estación en Nuwaraeliya, hay que bajarse en el minúsculo pueblito de Nanu Oya y tomar un bus allí, que en veinte minutos lo deja a uno en pleno centro de Nuwaraeliya. Waruna, un compañero de postgrado de Cris que es de Sri Lanka, nos envió el teléfono de su tío, el Dr. Doya, un famoso abogado de Nuwaraeliya, y lo llamamos al llegar. Muy amablemente nos buscó y nos llevó a buscar hotel. Me dio la impresión de que amenazaba en singalés a cada persona que nos atendía, algo así como “si me entero que tracaleaste a estos dos turistas vas a tener un peo…”. Pero tal vez era la forma de hablar del Dr. Doya, no sé.

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