sábado, 20 de diciembre de 2008

El encuentro en Hong Kong

El día que estuvimos en Singapur fue como un spa. Estábamos un pelo cansados y el apartamento de Miguel y Camila, donde nos quedamos, fue lo mejor que nos pudo pasar. Estuvimos casi todo el siguiente día con Fernando, Blanca y su guatón, y viajamos tranquilitos Singapur-Shenzhen.

Shenzhen fue dormir nada más, y enterarnos que lo de la comunicación va a estar difícil. La gente no concibe que uno no sepa hablar chino, por lo que le repiten las cosas en cantonés o mandarín cien veces, lo dicen lentico, como si uno fuera a entender por eso.

Nos encontramos con Miguel, Camila, Diego y Lina en Hong Kong tras los mayores obstáculos posibles de la comunicación. Hong Kong es autónomo, hay que cruzar fontera y pasar aduana para llegar, aunque se hace por el subway, uno se baja a que le sellen el pasaporte y sigue. También tiene otra moneda distinta al Yuan chino, el dólar de Hong Kong.

Nos encontramos en una estación de subway y nos fuimos a subir el teleférico para ver la estatua del buda gigante (les debemos las fotos). De ahí a caminar por Hong Kong, donde por cualquier cosa a uno le cobran el equivalente a un riñón en el mercado negro, qué ciudad tan cara.

El clima estaba fresco hacia frío, pero nada desagradable. El problema era la bruma, que no dejaba ver de lejos. O tal vez era smog, pero Miguel repitió tanto que era bruma del mar que nos lo creímos al final.

El hostal estaba lejísimos de la ciudad y tenía un número limitado de autobuses para llevarlo a uno a la civilización, pero era bastante cómodo. Nos hicimos miembros de Youth Hostel International, que tienen hostales buenos y a precios decentes en toda China y en 40 países, lo cual facilita mucho la búsqueda de hostal. Nada más en Beijing hay 10 hostales de esa cadena, desde uno a media cuadra de la ciudad prohibida, bastante caro. hasta uno cerca del aeropuerto y con un baño para cada 40 huéspedes, mucho más barato por razones obvias. Al final nos vamos a quedar en los rangos medios, parece.

El siguiente día en Hong Kong pretendíamos caminar por varios lugares importantes, como Happy Valley, donde está un establo y pistas de equitación muy famosas (usadas en Beijing 2008). La idea era dejar los morrales en un locker junto al subway y en la tarde tomar el ferry a Macau, donde Patricia y Guillermo (los primos de Cris, ¡mil gracias!) nos prestaron su apartamento.

El plan salió mal cuando metimos tres morrales en un espacio en que solo cabía uno y apretado. La puerta se trabó con los tres morrales adentro. Perdimos tres horas en rescatarlos, a pesar del uso de trenzas de zapato y tarjetas estudiantiles. Al final nos dio tanta rabia que nos fuimos de una vez a Macau. Creo que fue lo mejor que pudimos hacer.
áéíóúñ
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1 comentario:

Anónimo dijo...

Donde los podemos llamar para Navidad?