jueves, 11 de diciembre de 2008

El dilema norte-sur

Enfermos en el pueblito de Ella nos tocaba decidir qué hacer, viajar seis horas hasta las playas del sur, supuestamente muy hermosas, pero playas como en muchos otros sitios, o tomar un bus de doce horas hasta Sigiriyi, un poco más al norte, donde hay algunos de los sitios arqueológicos más importantes del budismo. Hay una montaña de paredes de piedra lisa llena de pinturas budistas del siglo V y desde allí se puede ir hasta algunas ruinas de templos construidos en el siglo VII. Entonces: playa, como tantas otras, o ruinas únicas en el planeta. Claro, también estaba el tema del viaje, seis (a la playa) o doce horas (a las ruinas) en bus sin puesto asegurado. Agreguemos el resfriado, el cansancio acumulado y el hecho de que en menos de una semana tomaremos otro avión para China, donde pasaremos casi un mes mochileando con Miguel, Camila, Diego y Lina. Todo indica a la solución más sencilla, irse a la playa a relajarse por unos días.


Nos vinimos a Unawatuna, la playa más común para mochileros en Sri Lanka. La bahía es hermosa, con varios tonos de turquesa y azul oscuro, y la nota es relajarse. Hay un templo budista, ofrecen clases de meditación (un alemán que conocimos las da gratis) y casi todos los restaurantes son vegetarianos, incluso Vegan.

El primer día fue de buscar hotel. Caminarnos toda la playa con los morrales encima y decepcionamos a decenas de conductores de tuktuk por no montarnos con ellos. Terminamos en un hotelito bastante limpio en una esquina, a media cuadra del mar y pagando lo menos que hemos pagado en el viaje. Cenamos a la orilla de la playa (nada barato pero excelente atún) y dormimos como los dioses en la cama con mosquitero, por casi trece horas corridas. Yo amanecí perfecto, como si nunca hubiese tenido un resfriado, aunque Cris sigue con la nariz un poco tupida.


Hemos pasado el segundo día en Unawatuna en un restaurante Vegan donde el dueño hace comida mexicana, italiana, india, sri lankesa, española y árabe, toda en versión vegetariana. No ha parado de llover en todo el día, así que nos tocó refugiarnos, leer un rato, aprender juegos de mesa locales con los hijos del dueño y jugar con los perros (lo que a Cris no le causó mucha gracia). Ah, claro, y escribir posts para el blog.

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